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domingo, 25 de octubre de 2009

ANECDOTAS DE MIS TRAVESIAS CICLISTICAS

Una salida a Piriápolis.
Quien de nosotros, los que amamos el deporte del ciclismo no tiene una anécdota jocosa, al respecto de una salida determinada a veces jocosa con la perspectiva del tiempo, pero muy molesta en el momento real. Con esto quiero compartir alguna de esas historias que han quedado en el pasado. Personajes con los que nos hemos encontrado en la ruta y de los que nunca más hemos oído hablar. Para iniciar lo quiero hacer con una salida de amigos con los que compartimos muchos kilómetros de bicicleta. Además en ciertos casos utilizaré nombres reales y en otros, los apodos o motes con los que se conocían y en otros, en los que bien se sus nombres reales, es para prevenir inconvenientes por razones obvias.

Corría el año 1997, yo tenía 27 años y en esa oportunidad en la ruta 8, donde solíamos entrenarnos en forma habitual, acordamos para mediados de febrero una “Ida y vuelta a Piriápolis” desde Montevideo. Lo acordamos con Jorge, un militar artiguense (sargento de caballería) recién retirado, de unos 46 años, Luis montevideano, policía retirado para ese entonces de algo menos de 60 años (mi amigo de toda la vida), Juan Antonio, un hombre de mas de 60 años que tiene una Colnago C40 que mucha gente del ciclismo conoce y vive en el Kilómetro 19 de la 8, y yo. Por esas casualidades se encontró con nosotros “Mi Padrino”, Dany Del Río de unos 50 años. El había vivido como 20 años en Buenos Aires, Capital federal, fue cantante de Zarzuela, Melódico, y toca muy bien el acordeón a piano. El tenía un auto Toyota con el motor cromado, y una moto cero kilómetro de alta cilindrada. Además el, toda su vida fue aficionado a la bicicleta, y fue justamente por ese tema, ya que era cliente del taller de bicicletas de mi padrino, quien a sus 18 años fue elegido por mi padre como "mi padrino", muy a pesar de mi madre. En ese momento recién estaba haciendo unos 40 o 50 Km. Entrenando escuchó la conversación y me dijo “Yo quiero ir”, le aconsejé que no lo haga dado los pocos kilómetros de ruta que tenía al momento, y que el viaje a Piriápolis implicaba dos tramos de unos 115 Km. En total mas de 230 Km. entre pitos y flautas. El insistió, y me dijo que iba. La hora de salida era a las 6 de la mañana desde mi casa , Jorge que venía de más lejos, de la zona de Piedras Blancas pasaba por ahí, y Dany también lo haría. Cuando hay una salida de ese tipo, la puntualidad es muy importante, ya que en el camino hay que juntarse con más gente. Por que a su vez Jorge, mi Padrino y yo debíamos pasar a buscar a Luis, y después a Juan al Km. 19. Existía un margen que no podía superar los 10 minutos, y por supuesto casi nadie tenía celular, como ahora que todos tienen y se pueden manejar por mensaje de texto o llamadas. Del grupo solo yo tenía un Tango 300 de Motorola, análogo, que lo llevaba por si acaso (Un ladrillo, para los que existen ahora). Con esa premisa esperamos hasta 6.10 AM. Pero mi padrino nunca llegó, así que emprendimos el viaje asumiendo que Dany lo había meditado mejor y se habría arrepentido. Así fue que todo venía saliendo según se había planeado. Con Jorge pasamos a buscar a Luis y después a Juan. Fuimos por la Ruta 8 hasta Soca, que el tramo era unos 15 o 20 Km. Más que por la Interbalnearia, pero libre de los controles de Policía Caminera, que por lo general tiene problemas con los ciclistas, y no los deja circular, pero poco le importa si ve a gente si casco o chapas viejas de vehículos, u otras irregularidades. El caso es que antes del peaje de entrada a Maldonado, veo a lo lejos una camiseta de lanilla de aquellas Fornelli argentinas que tenia los colores característicos del campeón de Bélgica en franjas de arriba abajo Negro, amarillo y rojo. Que muchos confundían por los colores de Alemania. Esa camiseta como muchos otros componentes de su bicicleta se los había regalado yo, ya que por lo general cada vez que renovaba materiales, los que sacaba se los daba a mi Padrino. La cosa es que para esa hora de la mañana, veníamos racionando la comida y la bebida para poder llegar de buena forma a Piriápolis y no agarrarnos una “muerte” por falta de alimentos o algo por el estilo. Quien esta habituado a hacer varios kilómetros en bicicleta o lo ha hecho, sabe muy bien a lo que me refiero. Al verlo, pensé “ese no puede ser mi padrino”, pero si lo era, lo que me alegro, dado el aprecio que siempre había sentido por él desde niño.

Lo primero que me dijo con su tono aporteñado fue “hijos de puta, me dejaron tirado, pase por tu casa pero no había nadie así que arranque”, le pregunte a que hora había llegado y me dijo que fue como a las 6.30 AM. Lo que evidentemente era mas tarde de lo acordado. Después me dijo: “¿no tenés algo para tomar? “, y le dí la caramañola con licuado de frutas. Se la tomó toda, después me dijo: vengo muerto de hambre, no tenés alguna cosa para comer, le di la provisión de fruta cortada que llevaba en el bolsillo de la camiseta, la que también se comió, entonces le pregunté si había traído algo de plata, para comprarse algo, y con total naturalidad me dijo que no. “Ando pelado” me dijo. Ahí le dije: ¿Cómo, venís a un viaje de estos sin un mango?, y me dijo que sí. Lo mas lindo, es que nunca tuvo una situación económica mala, ya que si fuera el caso hubiese previsto las cosas de otra manera. Para que tengan una idea, vive en el Parque Rivera en un apartamento precioso, y tiene una mujer que es buenísima y le banca todo. En fin, ahí me molesté mucho ya que me dije, este “me quiere garronear mal”. Al llegar a la entrada de la ruta que va a Piriápolis hay una serie de fruterías y almacenes al costado del camino, donde decidí parar a reabastecerme. Al parar a eso de las 9.30 AM, mi padrino me dijo “¿ no me compras una frutita?”, y le dije que sí. Por lo tanto eligió la manzana mas grande que encontró, que no se cuanto pesaría, pero para mi pesaba como 5 kilos, no por el peso que tenía, sino por lo molesto que estaba ante la situación. Además compre agua mineral con gas, para llenar las caramañolas, y otra para tomar ahí, la que tomó él en casi su totalidad. Para ese entonces Juan y Luis se habían adelantado. Cerca de las 10 de la mañana, los encontramos enfrente de un supermercado grande que se ve desde la rambla. Al encontrarnos, nos dirigimos a la calle principal, de la que no recuerdo el nombre, y ahí en un supermercado relativamente chico a unas dos cuadras de la rambla compramos unas naranjas y agua. Con la fruta nos fuimos a un lugar muy lindo que hay después del puerto, donde hay una escalinata que da a un sitio que tiene todo piedritas, y no arena como la playa. Ahí además hay rocas grandes, que sobresalen del océano, y unas palmeras que se erigen desde hace muchos años, había también algo de pasto y unos arbustos que proveían de una hermosa sombra, además de la proporcionada por el muro de piedras que da a la rambla. El sol ese día era muy intenso, y por la cantidad de kilómetros recorridos a esa altura nuestra piel estaba bastante quemada, y eso que todavía nos faltaba el viaje de regreso. Eso hacía sumamente importante la búsqueda de un lugar fresco para recuperarnos. Aprovechamos a mojarnos en la saladísima agua del Atlántico, con su inigualable transparencia y agradable temperatura. También de los frutos del mar que generosamente se dan allí, y están al alcance de cualquiera. Los mejillones afloran abundantemente adheridos a las rocas y quedan expuestos con la bajante de la marea. Yo que soy un fanático de esos moluscos, y en Chile aprendí a comerlos crudos, no perdí la oportunidad de deleitarme con algunos de ellos. Mientras yo me sumergía en el agua, Dany aprovechó para contarle las tragedias de su vida a Juan, con quien había hablado por primera vez, ya que solo se habían visto en la ruta. Lo mas triste es que yo conocía la verdad de su historia, y él le dio una versión absolutamente alterada de la realidad que todos conocíamos. Yo, para esa altura, bastante molesto por toda la situación, fui invitado por Luis a recorrer algunos sitios posibles para almorzar, sugiriéndome comer pescado. Al oír esto inmediatamente Dany dijo: “A mi no me gusta el pescado”. Al oír eso cargué otro poco de molestia a la que ya tenía. Lo mas cómico fue que todavía me quedaba mucho por sumar.

Lo evité como pude y con Luis fuimos a recorrer lugares para comer. Como estaba de enojado, no me aguanté y le conté a mi amigo lo que estaba pasando, ya que no había tenido oportunidad de decirle las cosas. El no lo podía creer, y me dijo, “No puede ser tan abusador este tipo”. Entre las vueltas que dimos encontramos un lugar al que en años siguientes concurrimos, era por la principal un carrito en el que hacían unas pastas caseras de novela. Con la noción de precio, y la decisión de comer pastas por el aporte energético que da el hidrato de carbón. El caso es que llegamos al lugar donde estaba el resto del grupo y mi padrino no estaba. Al bajar la escalera de piedra de la rambla, Juan y Jorge me dijeron: “Es terrible tu padrino”. Ya entregado ante la situación, y pregunte: ¿Qué hizo ahora? Ellos exclamaron casi al unísono, y voy a modificar las palabras, pero estoy seguro que el lector podrá darse cuanta de cuales eran las originales. Tu padrino quería defecar acá, contra la palmera, donde estamos nosotros, y le dijimos que no íbamos a aguantar el olor, y se fue entre las rocas. A unos metros se veía asomar su cabeza entre las rocas. Así que no tuve mejor idea que gritarle “¿Te falta mucho?”, y le tire unas piedritas para por lo menos compensar en algo las molestias que hasta el momento me había causado. El caso es que le dio un calambre y estuvo rato tratando de recuperarse. Momentos después nos fuimos a almorzar, al subir la escalera venía bajando un matrimonio con una heladerita de esas que se llevan a la playa, llena de hielo y cervezas frías. Dany no se aguantó y les dijo con su tonito porteño: “¿No sale una cervecita acá para los muchachos?”; eso me causó mucha vergüenza, y le pedí que no ande pidiendo nada, que me estaba dejando pegado con mis amigos. A eso de las 12 del mediodía llegamos al carrito, que tenía dispuestas unas mesas en la vereda. Nos sentamos y el mozo nos trajo la carta de comidas y la decisión fue generalizada y acordada con anterioridad de comer ñoquis. Por dos temas, el primero y mas importante, el aporte energético, y el segundo, por el factor económico, ya que el plato para ese entonces costaba 29 pesos uruguayos. El mozo preguntó a cada uno de los presentes por la preferencia de acuerdo al menú, y todos excepto Dany pedimos ñoquis, pero el pidió un chivito al plato, que es un churrasco con huevo frito y papas fritas y otras cosas mas, y ese plato valía 99 pesos. El que tenía que pagar el plato de el era yo, por que el no tenía un peso, así que le dije delante de todos, “Come ñoquis y dejáte de joder”. Pedimos unas bebidas y comenzamos a comer. En una de las idas y vueltas del mozo al servir la mesa, y ante la presencia de un cartel de alquiler que había en una casa de dos pisos frente al local. Ahí le preguntó “Pibe, no sabes cuanto piden por el alquiler de esta casa”, y el joven le respondió: “No se, eso lo cobran en dólares, es bastante caro”, no se si pensaría venir con su familia o que. Posteriormente se puso a alardear de que cuando vino con su amigo fulano de tal salieron del puerto a dar una vuelta en su yate, y comentó que en el puerto había unos baños de novela, lo que desestimé totalmente. Al terminar de almorzar el mozo paso la cuenta, e hicimos la división de los gastos y evidentemente a mi me tocó pagar doble. Después de almorzar quisimos ir a seguir descansando en el lugar que estábamos, pero al llegar nos dimos cuenta de que el sol había subido mucho y que no era posible quedarnos ahí, al subir la escalera para irnos Dany vio a unos tipos que estaban tirando una red en el agua, y el exclamó: “¡Yo quiero ver la red!”, a lo que le dije, quedate a mirar la red. El se quedó a mirar la red, mientras nosotros encontramos al lado de un chalet de madera de Prefectura que esta en el puerto. Ahí había varios arbolitos que proveían una sombra muy linda y tenía un césped prolijamente cortado. Ahí comimos unas naranjas y todos ante la pulcritud del lugar dejábamos las cáscaras en una bolsa de nylon para posteriormente arrojarlas como se debe en un cesto de basura. Aprovechamos a ir a los baños que extrañamente eran como nos había dicho Dany “Unos baños de novela”, con una limpieza y prolijidad propia de ese hermoso balneario uruguayo. El caso es que al rato lo vemos aparecer a una cuadra, y después se metió en una casa de pesca que había por tanto rato que hasta llegamos a olvidarnos de su presencia, es mas, queríamos olvidarnos de su presencia. A eso de las 3.30 PM, ya a punto de irnos, ya que partíamos a las 4, apareció mi padrino, le dieron ganas de orinar y comenzó a hacerlo contra uno de los árboles en la vía pública. A lo que le dije que no lo haga, ya que casi al lado estaba el marinero de Prefectura, que perfectamente lo podía detener por Atentado violento al pudor. Sumando que el sabía perfectamente que había una baños preciosos a pocos metros. Al terminar vino a comer naranjas, y comenzó a tirar las cáscaras por todos lados, como si fuera un niño chico. Lo hice juntar las cáscaras y nos fuimos. Acordamos con los otros en apretar el paso cosa de que al regreso lo larguemos de la rueda dado el poco kilometraje que había hecho anteriormente. Veníamos cercanos a los 40 km por hora, y era imposible largarlo. De hecho a los 20 km del regreso a Luis, de quien menos hubiese esperado, le dio un calambre en una de sus piernas. Todos paramos para asistir o acompañar excepto Dany, que siguió en un solo, al mejor estilo Eddy Merckx, y lo perdimos de vista. Al llegar a Salinas, Caminera nos hizo desviar hacia la derecha, camino que te saca cerca de Pando. Kilómetros después y asumiendo que no lo veríamos mas lo vemos delante de nosotros. Al acercarnos vemos que tenía los bolsillos llenos de fruta. Y me dijo “¿ no querés una frutita?”, a lo que acepté, y pensé, este tenía plata y se hizo el gil todo el camino. Le pregunte que de donde había sacado tanta fruta sin plata, y me dijo que había parado en un puesto de frutas y verduras y le había pedido al “canario” que ingenuamente le dijo que se sirva lo que quiera. El se puso todo lo que pudo meter en los bolsillos, más lo que habría comido. Así que para esa altura ya venía “cocinado” y finalmente lo pudimos largar cerca de Pando. Yo estaba convencido de que el había tomado alguna cosa para poder aguantar tanto, pero el siempre me aseguró que no. Con la perspectiva del tiempo les puedo decir “QUE FENÓMENO MI PADRINO”.
Pero eso me pasó por salir de aventurero y con poca plata jejeje .
Por Rodolfo Báez .bicicletasrodolfobaez.blogspot.com

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