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lunes, 16 de noviembre de 2009

WILSON FERREIRA ALDUNATE -EL VIEJO CAUDILLO ORIENTAL.



Wilson Ferreira Aldunate nace en Nico Pérez, Departamento de Lavalleja, el 28 de enero de 1919 y fallece en Montevideo el 15 de marzo de 1988.
En 1933 la familia se muda a la Capital, ya que su padre, el Dr. Juan Ferreira, debía asumir una banca de Diputado por el Nacionalismo Independiente. Wilson cursa Secundaria en el Liceo Rodó y Preparatorios en el Instituto Alfredo Vázquez Acevedo. Pero, apenas llegados, estalla el golpe de Estado del Dr. Gabriel Terra (presidente en ejercicio por el Partido Colorado) y Wilson, con 14 años, comienza su militancia política contra la dictadura, repartiendo las publicaciones “Acción” y “Combate”. Así se afilió a la Agrupación Nacionalista Demócrata Social (ANDS), que lideraba el Dr. Carlos Quijano, legendario fundador del semanario MARCHA (nacionalista y marcado por una fuerte impronta social), donde Wilson iba a escribir sobre numerosos temas. En ese período participa de actividades a favor de la República Española (derribada por el golpe de Francisco Franco en 1936) y contra el régimen de Terra, como el Congreso de Durazno, en 1937. En 1939 es electo Convencional del Partido Nacional, y, ante el comienzo de la Segunda Guerra Mundial desatada por la barbarie nazi, se alista como voluntario con los Aliados para luchar contra el Eje Roma – Berlín.
En 1942, luego del “golpe bueno” del presidente en ejercicio por el Partido Colorado, Gral. Arq. Alfredo Baldomir, Wilson debe optar entre el abstencionismo de la ANDS y la integración al Partido Nacionalista Independiente, siempre dentro del Partido Nacional. Se separa “fraternalmente” de la ANDS - tal como relata uno de sus fundadores, el gran filósofo Arturo Ardao - y se integra al movimiento Reconstrucción Blanca - Lista 400, que lideraban los hermanos Washington y Enrique Beltrán.
El 13 de diciembre de ese año Wilson contrae matrimonio con el amor de su vida, Susana Sienra Burmester, a quien había conocido en Punta del Este en 1934, y con quien compartía, entre tantas cosas, la pasión por la República Española y la lectura de autores como Axel Munthe, Eca de Queiroz y Marcel Proust.
En 1945 finaliza la Segunda Guerra y nace su primer hijo, Gonzalo, quien sin dejar de tener militancia política se volcó fundamentalmente a los asuntos del campo. En 1947 nace Silvia Ferreira Sienra, quien luego se casará con el dirigente político Cr. León Morelli, y tendrá una destacada militancia, particularmente en la lucha contra la dictadura. También en ese año se reconoce en la ONU la existencia del Estado de Israel, paralela a la creación de un Estado Palestino, resoluciones que Wilson saluda con júbilo. Tiene destacada actuación deportiva a favor de la institución de sus amores, el Club Nacional de Fútbol, y como neutral de la AUF. En 1953 nace su hijo Juan Raúl, con quien compartirá el exilio, y que será posteriormente diputado, senador, Embajador ante la Argentina y consultor internacional.
El 30 de noviembre de 1958 el Partido Nacional triunfa sobre el Colorado tras 93 años fuera del poder. Wilson es electo Diputado por la 400, en Colonia. Ocupa la banca entre el 15 de febrero de 1959 y el 5 de marzo de 1963. En las elecciones de 1962 es reelecto, pero el 5 de marzo asume como Ministro de Ganadería y Agricultura.
Como Ministro se integra al trabajo de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE, creada en 1959, pero que recién se pone operativa en 1963, cuyo Secretario Ejecutivo era el Cr. Enrique V. Iglesias) y se pone al frente de su Sector Agropecuario, creando la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (OPYPA). En 1964, bajo su dirección, se elaboran los siete proyectos agropecuarios de la CIDE, dentro del cual está el de Reforma de las Estructuras Agropecuarias (Reforma Agraria), de la cual el Cr. Danilo Astori y Raúl Sendic (el fundador del MLN – Tupamaros) dirán posteriormente que fue el mejor que tuvo el país. También impulsó el Secretariado Uruguayo de la Lana y La Estanzuela (investigación agropecuaria). La CIDE realiza el primer diagnóstico integral de la economía y la sociedad uruguaya y presenta una amplia propuesta de soluciones. Como consecuencia de sus trabajos, empiezan a realizarse Censos, a llevarse Cuentas Nacionales - no las había - y se crean el Banco Central, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y la Oficina Nacional del Servicio Civil.
En 1966 es sustituido el Colegiado de Gobierno (9 miembros) por una Presidencia unipersonal y el Partido Nacional es derrotado por el Partido Colorado. Wilson es electo Senador.
En nuestro país, comienzan a sucederse casos notorios de corrupción y Wilson se constituye en Fiscal de la Nación y defensor de las libertades públicas. Utilizando el mecanismo de la interpelación parlamentaria, derriba tres ministros en tres legendarias interpelaciones, que fueron seguidas por toda la población.
En 1969, Wilson funda, con Juan Pivel Devoto, Dardo Ortiz, Alembert Vaz, Alberto Palomeque, José Pedro Laffitte, Guillermo García Costa y otros dirigentes el Movimiento Nacional “Por la Patria”, que tuvo su primera sede en Yi 1383. La misma se constituyó en un gran centro cívico de notable ebullición popular.
Tenía una Junta Nacional, un Comité Femenino y un Comité de Juventud, entre otros organismos, lo que muestra el interés de Wilson por contar con estructuras partidarias organizadas. Inmediatamente numerosas agrupaciones y listas de todos los Departamentos del país se adhieren al Movimiento, que poco después formaliza su alianza electoral con el Movimiento Nacional de Rocha, proclamando la fórmula Ferreira Aldunate – Carlos Julio Pereyra. En 1971 se fundan el Movimiento Universitario Nacionalista y el Movimiento Estudiantil Nacionalista, que agrupaba a estudiantes de Secundaria. La gente se incorpora en millares en un clima de alegría y participación como nunca volvería a verse.
La elección en 1971 fue es muy reñida y recién en febrero de 1972, el escrutinio “definitivo” da el triunfo legal al Partido Colorado por 12.802 votos, confirmando como presidente a Juan Bordaberry.
El Partido Nacional presenta denuncias penales de fraude electoral, que la Corte Electoral, de mayoría colorada, rechaza, y luego la dictadura sepulta.
En medio de la guerra entre el Movimiento Tupamaros y las Fuerzas Armadas, Wilson - el hombre más votado del país, líder de la mayor bancada y de 14 Intendencias - busca unificar el país. Ofrece a Bordaberry, que no tenía mayorías parlamentarias, un Acuerdo Nacional sobre la base de reformas estructurales consensuadas, pero éste responde ofreciendo cargos en la Administración. Luego, al ver que no tiene éxito en su intento de mantener el “status quo”, el presidente pacta con la minoría nacionalista. Wilson y Carlos Julio critican duramente lo que llamaron “el Pacto Chico”, que tendría corta vida.
Pero en un esfuerzo mucho mayor, y lleno de peligros, Wilson dialoga también con los líderes tupamaros Julio Marenales y Mauricio Rosencof, “para parar la sangre y buscar la paz”.
“Lo que no entienden los violentos de cada bando es que los muertos no se compensan sino que se suman”, solía decir. Y también sabía que la polarización era un “negocio político” que algunos jugaron despiadadamente.
En 1972, los militares, derrotada la subversión, abren el llamado “segundo frente” invocando combatir la corrupción empresarial y política.
El 27 de junio de 1973, Juan María Bordaberry, violando su Juramento de Honor de defender con su vida la Constitución y las Leyes de la República, firma el decreto de disolución de las Cámaras. Da el Golpe de Estado.
Wilson tiene que exilarse, para evitar la prisión y se radica en Argentina donde se relaciona, obviamente, con numerosos dirigentes políticos también exilados.
El 24 de marzo de 1976 es derrocada en Argentina la Presidente María Estela Martínez, viuda de Perón, por una Junta Militar. Se desata una violenta represión que causó entre 9.000 y 30.000 muertos y desaparecidos.
El 22 de mayo de 1976 aparecen los cadáveres de los ex-legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y dos uruguayos más, en un homicidio múltiple del cual se salva Wilson por casualidad. El objetivo de los crímenes habría sido abortar las gestiones que Alejandro Vegh Villegas desarrollaba para lograr una salida negociada para realizar elecciones en noviembre de 1976. Vegh enfrentaba los proyectos corporativistas de Bordaberry, que contemplaban suprimir todos los partidos políticos.
De inmediato Wilson y su hijo Juan Raúl se exilian en la Embajada de Austria y de ahí parten para Europa.
En el exterior Wilson efectúa una intensa campaña de denuncia de la dictadura y de sus abusos, en base a su prestigio internacional.
La situación de represión en Uruguay empeora. Miles de compatriotas están en la cárcel y centenares de miles emigran.
Los métodos utilizados fueron en extremo tortuosos. El 5 de setiembre de 1978, en Uruguay se enviaron botellas de vino envenenado a Carlos Julio Pereyra, Luis Alberto Lacalle y Mario Heber, integrantes del Triunvirato. Al probarlo, muere Cecilia Fontana de Heber. El gobierno culpa a “grupos terroristas” e interroga severamente a los destinatarios.
La torpe visión política de los militares los lleva a plantear una reforma constitucional para perpetuarse en el poder y someterla a plebiscito. Ello revitaliza y hace pública la actividad de los partidos tradicionales, los cuales editan semanarios que rápidamente pasan a evaluar toda la gestión del régimen: Opinar, Correo de los Viernes y La Democracia.
Wilson se comunica con la población a través de cintas grabadas que circulan por todo el país y son causa de miles de reuniones en los hogares opositores.
El 30 de noviembre se plebiscita la Reforma Constitucional y triunfa el No, por un 58% de sufragios, contra un 42% del Sí, a pesar de la presión del régimen. Unas 8.000 personas no pueden votar por estar proscritas. Uruguay rechaza la reforma propuesta por las FFAA. Es la primera gran derrota del régimen. Asombro de la prensa mundial. Es la primera vez que una dictadura pierde una elección. La dictadura prohibe festejos u otras manifestaciones.
En junio de 1981 se reinician los contactos entre los partidos y los militares, 6 meses después de la derrota del proyecto de constitución militar
El 28 de julio se aprueba el Acto Institucional N° 11, por el cual se confirma la transición de tres años con elecciones internas en 1982 y nacionales en 1984.
El Partido Nacional se moviliza y las cintas grabadas con los mensajes de Wilson circulan en todo el país.
El 28 de noviembre de 1982 se realizan las elecciones internas en los Partidos. Los resultados no pueden ser peores para el gobierno militar, ya que triunfan en cada partido tradicional los sectores francamente opositores, y son derrotados los “caballos de Troya” que los sectores pro – militares habían logrado componer dentro de cada uno de ellos, los que obtienen apenas el 26% de los votos dentro del Partido Nacional y 32% en el Partido Colorado.
El Partido Nacional y dentro de él el sector ACF - que podía leerse como “Adelante con Fe” o “Adelante con Ferreira” - el sector más firmemente opositor, que reúne a los votantes de los movimientos PLP y Rocha, resultan los más votados, con casi 100.000 votos de diferencia sobre el Partido Colorado.
El 12 de noviembre de 1983 el Gobierno desproscribe a todos los políticos proscriptos, excepto los requeridos por la Justicia, lo que excluye a Wilson de la medida.
El 27 de noviembre se efectúa un multitudinario acto “Por un Uruguay democrático sin exclusiones” (así rezaba el cartel puesto detrás del estrado), al pie del Obelisco de los Constituyentes, posiblemente el acto público más multitudinario de la historia del país. Están representados todos los partidos políticos. El actor Alberto Candeau lee una proclama que exige la restauración de la democracia. Es el mayor acto de unidad jamás visto en Uruguay. La foto “un río de libertad”, tapa del semanario Aquí, recorre el mundo. El compromiso de “sin exclusiones” no será cumplido.
El 16 de junio de 1984 se produce, con una impresionante movilización de ciudadanos y fuerzas represoras, el regreso de Wilson al país. La conmoción es nacional. Es encarcelado en Flores. Comienzan manifestaciones diarias y ayunos por su liberación.
El Partido Colorado, el Frente Amplio y la Unión Cívica, con la oposición del Partido Nacional, resuelven “predialogar” con las FFAA. Se rompe el frente opositor.
El 27 de junio de 1984 se realiza el mayor paro cívico de la historia del país. Hasta los empresarios que habían aplaudido al régimen adhieren.
El 3 de julio se realiza la primera reunión en el Club Naval, donde se concretaría el Acuerdo político de salida de la dictadura, proceso que concluye el 15 de agosto. El Gral. Medina, principal vocero militar, declara que “no habrá revisionismo”. Ninguno de los participantes lo desmiente. Wilson no puede ser candidato.
El 25 de noviembre se efectúan las elecciones nacionales. Triunfa el Partido Colorado con 777.701 votos (41,2%); seguido del Partido Nacional. con 660.773 votos (35%) y el Frente Amplio con 401.104 (21,2%). Hay un mínimo festejo popular (colorado) y a medianoche la ciudad está desierta.
El 30 de noviembre Wilson es liberado. En un recordado discurso en la Explanada Municipal compromete su apoyo al futuro Gobierno, en aras del bienestar del país: “Si nosotros no somos capaces de asegurarle una vida digna y decorosa a tres millones de orientales, lo dije una vez y lo repito hoy, somos unos criminales…”
“Y quiero decir aquí muy claramente: mi partido no le va a crear problemas al partido, al gobierno del Dr. Sanguinetti por el solo prurito de creárselos.”
“Hay una frase que normalmente se utiliza y que dice: estaremos dispuestos a votar al nuevo gobierno todas aquellas iniciativas con las cuales estemos de acuerdo. Esto no es decir nada. Naturalmente que todo partido en principio, vista aquellas cosas con las cuales está de acuerdo. Yo daría un paso más: nosotros estamos dispuestos a votarle en el Parlamento al Gobierno que presidirá el Dr. Sanguinetti todo aquello en que coincidamos y todo aquello a condición de que no comprometa principios esenciales y todo en lo que, aunque no coincidamos, resulte indispensable para proporcionarle al nuevo Gobierno la posibilidad de moverse, de gobernar.”
“Nuestro primer deber, el deber de todos, es asegurar la gobernabilidad del país y si no se asegura, enemigos de los cuales creemos habernos librado están acechado prontos para aplicar su nuevo zarpazo.”
El 23 de febrero de 1985 Wilson es electo Presidente del Directorio del Partido Nacional.
El 10 de marzo de 1985 comenzó la liberación de los presos políticos, luego de aprobarse una ley de amnistía que no incluía a los responsables de la dictadura. Ello iba a generar convulsiones políticas y riesgos al restablecimiento pleno de la democracia.
A fines de 1986, a partir del pronunciamiento de la Suprema Corte de Justicia y las manifestaciones del Tte. Gral. Hugo Medina respecto a que los militares acusados de violaciones a los Derechos Humanos no concurrirían a los Juzgados a responder por las citaciones de inminente notificación, se gesta un conflicto institucional de consecuencias imprevisibles.
El 3 de diciembre de 1986 en el programa televisivo “Prioridad” Wilson declara:
“Se nos pregunta si estamos dispuestos a asumir costos políticos.
Y naturalmente que sí, (pausa) naturalmente que sí.
¡Qué poca gracia tendría todo esto! … ¡qué mezquina sería toda la actividad política si midiéramos nuestras actitudes en función de lo que pueda reportarnos, a favor o en contra, desde el punto de vista electoral!
Nosotros tenemos responsabilidades para con la patria y las vamos a cumplir.”
El lunes 22 de diciembre de 1986 el Presidente Sanguinetti promulga la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado respecto a los militares de la dictadura.
La Ley 15.848 del 22 de diciembre de 1986, llamada “Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado”, y “ley de impunidad” por sus detractores fue apoyada por Wilson como forma de evitar una gravísima crisis institucional, que suponía en los hechos un “golpe de Estado técnico”. Implicaba desconocer toda la estructura jurídica del Estado y franqueaba el paso a cualquier otro desconocimiento. Los tres poderes del Estado iban a ser públicamente desconocidos según había sido anunciado por el Tte. Gral. Hugo Medina.
La Ley de Caducidad fue sometida a plebiscito y ratificada por la ciudadanía el 16 de abril de 1989.
El 14 de julio de 1987 Wilson es internado en IMPASA por “congestión pulmonar y una gripe mal curada”. Es trasladado para un diagnóstico definitivo a Estados Unidos. Era una enfermedad muy grave y su tratamiento doloroso.
Wilson siguió con su actividad, en particular trabajando en un proyecto de ley de descentralización y acondicionamiento territorial – gran preocupación del Caudillo - el cual fue suscripto por legisladores de todas las corrientes del Partido Nacional, al pie del Monumento a Aparicio Saravia, en ocasión del tradicional homenaje que siempre le brindó la Colectividad el 10 de septiembre.
El 15 de marzo de 1988 Wilson fallece. Hubo misa de cuerpo presente en la Catedral. Velatorio en el Palacio Legislativo. Durante toda la noche la multitud rodea el Palacio para darle su último saludo. A partir de ese día pertenece a la Historia.
Wilson Ferreira Aldunate fue un caudillo político, un hombre de campo y de la producción, un deportista apasionado y un hombre de la cultura, pero desde siempre intuye que los valores nacionales que quería para su patria debían estar sostenidos por una firme base económica acerca de la cual se preocupa en sus aspectos macro y micro en momentos en que muy pocos, o casi nadie, lo hacía. De ahí su constante preocupación por el desarrollo económico de los tres sectores (agro, industria y servicios), el comercio internacional, los temas del tipo de cambio y la deuda externa.
Pero el objetivo era mayor: la libertad y el desarrollo de la gente.
Fue nacionalista, cristiano y revolucionario, en el sentido de impulsar la modificación de las estructuras socioeconómicas del país, y por lo tanto, a las de toda la sociedad.
Fue un nacionalista ejemplar, dedicado a la unidad e integración del país:
“Hay una cosa sobre la cual yo vengo insistiendo hace no menos de 20 años: (…). El Uruguay es y solamente es una comunidad espiritual. Hay otros países que pueden ser definidos por otros factores, o de raza, o de geografía, o de lengua, o de riqueza, nosotros no. Los Andes a Chile, los indiecitos hacen a Bolivia, el idioma portugués hace al Brasil, el mero tamaño o su riqueza bastan para asegurar la continuidad histórica de otros. Pero, el Uruguay, es geográficamente el más pequeño de todos los países de América del Sur y puede ser definido exclusivamente como una comunidad espiritual.
Hay una serie de cosas esenciales que definen la república y que la definen bien -pocos países son más país que el nuestro- pero resultan indispensables para la persistencia de esa noción de nacionalidad: la voluntad soberana del pueblo como única fuente legítima de poder, la afirmación de la libertad individual, la existencia y vigencia de garantías para la defensa de esa libertad, el deber de Estado de regular las relaciones entre los individuos y la de los individuos con la comunidad, con el objeto de asegurar la justicia tanto económica como social. Bueno, podría decir simplemente la justicia, porque con eso bastaría, o más sencillamente aún, bastaría decir asegurar la libertad.
Esta ha sido a lo largo de toda la historia la singularidad oriental.”
SU DESPEDIDA PÚBLICA
El 24 de diciembre de 1987 Wilson – visiblemente enfermo – en pleno tratamiento en su lucha contra el cáncer se despide del Uruguay, que tanto amó, con un discurso de concordia y unidad a través de la Cadena Nacional de Radio y TV:
“Cuando llega el final del año, en torno de la Navidad, el alma de todos se siente como tocada por una varita mágica. Daría la sensación de que en todas las latitudes, gente de diversas religiones o que no tiene ninguna, ve cómo se acallan las pasiones, cómo disminuye la dureza de los enfrentamientos. Poco a poco va desapareciendo la crispación de las actitudes, se crea un ambiente de fraterna comprensión. Gente de muy diversas religiones o de ninguna, repito, se encuentra, se abraza y se desea mutuamente en todas las lenguas del mundo, paz. Es también paz lo que por mi intermedio quiere desearle a todos los uruguayos el Partido Nacional.
Yo sé que esto es lo que los uruguayos están viviendo hoy, lo que los uruguayos están viviendo hoy, lo que los uruguayos viven año tras año en ocasión similar. Pero todos sabemos también que no nos dura, que hay quienes terminando el estrépito de fin de año, pareciera que olvidaran el clima y resurge la crispación de las actitudes. Y vemos por sobre todas las cosas aquello que nos separa, y olvidamos lo mucho que nos une.
¿Que el Uruguay tiene problemas, quién puede ignorarlo? Lo que sí no podemos olvidar es que es válido invocar los problemas solamente si lo hacemos como modo de encontrar las soluciones. No sirve señalar la existencia de los problemas como vía de facilitar el enfrentamiento, la discrepancia, el desencuentro ¿Qué tenemos problemas? Vaya sí los tendremos. Tenemos problemas internos, problemas externos, unos dependen de nuestra voluntad, y en otros es poco lo que podemos incidir. Pero también es verdad que el Uruguay puede mirar su esperanza, lo que otros no pueden permitirse.
Los uruguayos discrepamos en cuanto a determinar cuáles son esos problemas. Por consiguiente discrepamos también en la búsqueda de las soluciones. Pero precisamente por eso es que la tarea es imprescindiblemente tarea de todos, que tienen necesidad de abordar en común, porque la solución, cuando aparezca, aparecerá por un esfuerzo colectivo, o no aparecerá.
Esto nos obliga a mirar el porvenir tratando de crear en él indispensablemente un clima de entendimiento, de fraterno entendimiento, eliminando los innecesarios malos humores, esas actitudes de dureza ideológica que a veces simplemente revelan dureza en el alma.
Nosotros tenemos que buscarle al Uruguay factores de aproximación espiritual, que nos permitan emprender la tarea, que necesariamente requerirá trabajo y esfuerzo. ¿Qué puede lograrse sin trabajo y sin esfuerzo? Nunca se ha conseguido nada de otra forma, y además lo que se ponga no vale la pena. Esfuerzo y trabajo que traen de la mano alegría cada vez que ese trabajo y ese esfuerzo abren camino de esperanza, y no recaen simplemente sobre las espaldas de unos pocos o muchos. Simplemente el esfuerzo tiene que estar repartido equitativamente entre todos. Y cuando ello ocurre los países son capaces de enormes realizaciones espirituales y materiales.
Nosotros tenemos un país que es pequeño y que es pobre, pero tenemos las únicas dos cosas absolutamente indispensables: los medios y la gente. El Uruguay dispone de más tierra fértil por cada habitante que ninguna otra región del universo. El Uruguay tiene niveles de educación y de salud que son, bien lo sabemos, insuficientes, pero que nos proporcionan puntos de partida incomparablemente mejores que los de otros que están en similar condición o posición geográfica que la nuestra.
El Uruguay tiene una tradición artiguista que le impone una voluntad integradora, sin la cual ningún camino de futuro está abierto. Y tenemos los uruguayos, por encima de nuestras diferencias políticas e ideológicas, un esquema de ideales que nos es común, y hace de nosotros una entrañable comunidad espiritual, y define al país como un estupendo país. En esas condiciones, la tarea es difícil pero está a nuestro alcance.
Si fracasamos, no echemos la culpa a otros. Será exclusivamente nuestra culpa. Estoy seguro de que no vamos a fracasar. Y es en este espíritu que el Partido Nacional le desea a todos los orientales, una feliz Navidad y muy feliz Año Nuevo. Miren que no les digo próspero. Nunca me ha gustado mucho eso de medir la felicidad en términos materiales. La prosperidad es condición necesaria pero no es suficiente para la felicidad.
EL 15 DE MARZO DE UN VERANO QUE AGONIZABA FALLECE ESTE HOMBRE SIN DUDA UN REFERENTE NO SÓLO DEL PARTIDO NACIONAL SINO TAMBIEN DE LA SOCIEDAD URUGUAYA.
Flavio Velazco : flaviovelazcocarera.blogspot.com

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