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miércoles, 4 de mayo de 2011

ROBERTO LOVERA EL CAPITAN OLÍMPICO EN UNA JUGOZA NOTA CON LOS COLEGAS DE BASQUET TOTAL

Roberto Lovera Vidal fue y sigue siendo un "Olímpico".
Jugador de un temperamento muy particular,
defendió en su vida sólo dos camisetas: la de Olimpia
y la Celeste. Precisamente con esta última participó
en los Juegos Olímpicos de Londres y en Helsinky,
donde Uruguay obtuvo la medalla de bronce. Como
técnico paseó su clase por distintos cuadros de
nuestra capital y -orillando los 90 años- confiesa que,
de no ser por la vista, aun se siente con fuerzas para
dirigir.

Llegar hasta Lovera no fue tan fácil como creía. Tuve que esperar que regresara de sus vacaciones y después, que un conocido hablara con otro para que lo convenciera de hacer la nota. Al final, dos llamadas telefónicas mediante, el hombre no se mostró tan renuente como me lo habían pintado. Me citó un día de semana en su domicilio y por todo dato me dijo: “es frente al viejo gimnasio de Olimpia y en la puerta sólo me queda un 3”. El día convenido, luego de unas cuantas vueltas, obligado por las obras en Avenida Garzón llegué hasta la casa que, efectivamente, sólo conservaba un número 3 en bronce. (La interpretación de la numerología corre por cuenta de los lectores).

Él mismo me abrió la puerta instante que aprovechó el “Coqui”, su perro, para escabullirse velozmente. Mientras Lovera intentaba hacerlo regresar, su esposa, Pocha, me daba la bienvenida. Ya instalado, me confesó que no entendía el motivo de una entrevista más: “volver a contar todo, me parece que no”. De todas formas no opuso resistencias y como dicen los gurises: “se contó todo”. Lo primero que me llamó la atención fue que, al igual que uno de los abuelos de mi familia, se refiere a su deporte como “basquetbal”.

aclarandoNací en Pocitos – comenzó diciendo - el 14 de noviembre de 1922. En 1929 mi padre compró una casa en el Barrio Ferrocarril, porque él era guarda en los trenes, y nos mudamos todos acá. Yo jugaba al fútbol, pero el Olimpia hizo un campeonato para menores de quince años y los que jugaban al basquetbal en mi barrio eran todos mayores. Entonces hubo que armar un rejuntado y salimos campeones. Ahí fue que (Albérico) Passadore se interesó por mí y bueno, seguí jugando.

¿Cómo fue para usted, que no soñaba con ser jugador de básquetbol, jugar dos Olimpíadas?

Y bueno, en 1948 en Londres, a mi primera olimpiada yo iba con mucho entusiasmo. Había entrado en el seleccionado en 1941 cuando jugamos la Copa América en Pergamino (Buenos Aires). Ahí debuté yo con la dirección de (Rodolfo) Braselli (1). Después jugué el Campeonato Sudamericano en 1943 donde salimos campeones junto con Perú y Argentina. En el ‘45 jugué en Guayaquil, Ecuador que salimos segundos y en el ‘47 en Brasil donde salimos campeones en cancha del Vasco da Gamma. Y en 1954 jugamos el campeonato mundial en el “Maracanazinho” que como quien dice lo inauguramos nosotros, era un estadio tremendo, más grande que el Cilindro. Ahí jugamos mal, no sé que pasó porque teníamos buen cuadro, estábamos bien entrenados. Yo le echo la culpa a que era muy grande y que no tenía baranda. Uno no se orientaba, y cuando querías acordar estabas afuera de la cancha. Eso le pasó a “Macoco" (2) a mí también. Ahí jugaban también Ever Mera, Oscar Moglia, (Adesio) Lombardo…

Lo interrumpo para decirle que salteó, en su relato, las Olimpíadas de 1952 donde Uruguay obtuvo la medalla de bronce y donde él, jugando todos los partidos, fue una de las figuras destacadas.

Ah, sí, en Helsinki ¡ahí sí anduvimos bastante bien! Veníamos arrastrando una buena temporada.

Pero esa aparente modestia con que recuerda Helsinki, parece desvanecerse. helsinky 1952

Desde que yo me inicié fueron casi todos triunfos. Es más, le voy a decir algo y resáltelo nomás: Yo entré a la selección y me gané la titularidad y ahí salí a jugar en Perú en 1943 como titular, me puso el técnico Canale. Fui a Ecuador y el que hacía el cuadro era Vitureira y dirigía Altoberro y fui titular. En el ’47 fue Canale y fui titular. En el ’49 jugamos en Paraguay y fui titular y salimos campeones. En el ’53 De Pena me puso de titular para el Sudamericano. Cuando fuimos a las Olimpíadas del ’48 Canalle me puso de titular. Fuimos en el ’52 y Olguiz Rodríguez me puso de titular. Otra vez en Paraguay, dirigió Passadore y también jugué de titular. Yo jugué de titular con todos los entrenadores que tuve. Es que me tenía una confianza bárbara, y se ve que los entrenadores también.

De pronto me dice: “le voy a contar una anécdota que me la acuerdo como si fuera hoy”. Se recuesta en el sillón, entrecierra los ojos y rememora:

Hicimos una gira por Argentina y fuimos a Rosario. Jugamos un partido en una noche fría, con un viento que ya le digo. Nos dieron unas pelotas grandotas así (muestra el tamaño con sus manos enormes). Cuando empezamos a tirar “hay Dios mío” – pensé -e Lombardo no va a hacer goles. Pero ganamos y Lombardo hizo como 40 tantos. Es que yo, si veía que Lombardo estaba para hacer los goles, jugaba para él. Si jugaba “Macoco” y andaba bien, yo trataba de explotar a ese jugador. Porque yo no jugaba para lucirme, era explotar lo mejor para que el cuadro ganara.

repasando historias¿Jugó siempre de la misma forma, o fue cambiando con los años?

No, empecé jugando de tres-cuatro, como le dicen ahora, antes le decíamos alero. Después, cuando se fue Vitureira(3) yo quedé con la manija de los equipos, ahí jugaba de uno, era el orientador, entonces no hacía tantos goles.

Yo me refería a que me contaron que usted se enojaba mucho.

Nooo, sabe lo que pasa, que yo era un jugador muy temperamental, cuando me ponía la camiseta jugaba para ganar, yo no considero salir a perder, siempre fui con la idea de ganar, es mi manera de ser. Dejaba todo en la cancha, siempre quería ganar, era medio rasqueta también -confiesa. Con (Miguel) Dia éramos íntimos amigos, él jugaba en Atenas pero medio que jugaba más para el público que para el equipo y yo era al revés, jugaba para que el equipo ganara. Y una vez, en la cancha de Bohemios, él como siempre me marcaba y yo le hice una faja. Cuando terminó el partido me fue a buscar al vestuario y me dijo que yo no le podía hacer eso a él, y terminé pidiéndole disculpas porque se me había enojado. Pero yo dentro de la cancha y dentro del reglamento no respetaba a nadie. Ahora, hay muchas mentas, pero son todas mentiras, yo soy amigo de todos.

¿Qué era lo que se decía?

Que hacía foul, que esto y que lo otro, pero era mi forma de ser, ¿entiende? Era la forma de jugar, fuera amigo o no, lo marcaba a muerte. Cuando fui a la selección, en la Copa América de Pergamino, jugábamos el domingo de mañana y resulta que el sábado de tarde practicamos y ni Burqueño ni yo éramos titulares. Entonces él de noche me vino a buscar para salir por ahí. Yo le dije, estás equivocado, me quedo concentrado acá y si mañana me pone dos minutos le voy a demostrar que puedo ser titular, que puedo integrar la selección titular. Y dicho y hecho. Los argentinos tenían un jugador que en el campeonato sudamericano del ’41 en Chile había hecho 38 tantos en un partido. Braselli, el técnico, puso a marcarlo a un tal Fernández que jugaba en Sudamérica. Y bueno, a los tres o cuatro minutos el argentino ya había hecho diez tantos. Entonces Braselli me llama y me pone a mí a marcarlo. Le hice un “hombre a hombre” que si el jugador iba al baño yo me iba con él, ¿me entiende? Y a mí me hizo cuatro o cinco tantos, como mucho. Ahí agarré la titularidad de la selección porque yo era así, me la jugaba, me tenía confianza. Yo no acepto que digan “bueno, si perdemos mala suerte”. Yo siempre iba a ganar, a ganar, y si me tenía que pelear con alguno me peleaba, porque era medio “rasca rabia”, tenía un temperamento un poco elevado.

Hablemos de su actividad como entrenador.

De entrenador tengo una campaña buenísima. Subí dos veces con Cordón de Segunda a Primera. Después dirigí a Colón y también subí a Primera, con jugadores como Olascoaga, Spósito. De ahí fui a Malvín, también a Segunda, que jugaba Benditto, Parodi, Pérez, Mazzarino (el padre de Nicolás) y ahí también subimos.

¿Porqué siempre dirigía equipos que estaban en Segunda?

Porque yo jugaba, entonces iba a dirigir a otros equipos. ¡Y mire si me gustaba el basquetbal que para ir a gimnasio de olimpiaMalvín hacía un sacrificio bárbaro! Tomaba un ómnibus desde aquí hasta Millán y Raffo y ahí otro. Y después de las prácticas volver, a esas horas,¡ya le digo! Bueno, después fui a dirigir a Nacional que había peleado el descenso. Entré yo y terminamos terceros. Al otro año quedé pero no le pagaron a algunos jugadores y se fueron, me quedé sin jugadores y peleamos el descenso. Al año siguiente fui a Neptuno y subimos y lo dirigí en Primera también. Cuando había terminado ahí, vine acá al Olimpia a ver un partido y vi que tenían a jugadores como Pisano, Valentín Rodríguez, (Milton) Rivero, Salaberry, Perego y perdieron ese partido. Entonces le dije en broma a un amigo que estaba en la Directiva: “dejate de joder con tu cuadro, si lo agarro yo salgo campeón”. Ese dirigente lo llevó a la Comisión y me llamaron para dirigirlo y salimos campeones tres años seguidos. Hice jugar a Pisano, Rodríguez y Rivero haciendo una trenza abajo, y ya le digo, ganamos tres campeonatos. Pero no resalta mucho mi performance como técnico.

¿A qué se debe eso?

Porque yo no era una persona que me ganara la simpatía de la gente, porque era medio peleador, medio rasqueta. Y ahora soy un “cagalera” bárbaro, ando por la calle con un miedo de la gran… y antes me peleaba con cualquiera.

¿Ganó dinero dirigiendo?

Jugando no gané un vintén, por eso dejé joven, a los 33 o 34 años. Dirigiendo sí me pagaban. En Malvín ganaba 70 pesos por mes. En Neptuno me pagaban mejor, pero no recuerdo cuánto. Y yo quería comprarme un auto, porque vengo de una familia muy humilde, vengo de abajo, ¿me entiende? Yo empecé a trabajar a los 13 años en la Ford ganando 8 pesos por mes. Y mi primer auto fue un Ford a bigote del ‘27. Después tuve un Chevrolet del ‘31, un Opel chiquito y más adelante un Chevrolet del ‘51.

Pero después tuvo su propia empresa y en eso también jugó un rol fundamental Albérico Passadore, artífice del actual gimnasio de Olimpia. Dueño de las Bodegas Santa Rosa, primero trató de conseguirle trabajo en ANCAP, gracias a sus influencias políticas, pero no le conformó ese trabajo para Lovera. Fue así que le compró una máquina para fabricar los alambres que llevan las botellas de champagne en el pico. Después, junto a un hijo de Passadore (fallecido en un accidente automovilístico), Lovera mejoró un modelo argentino y, luego de mucho, pudo patentar ese casquete que es el que aun hoy se usa en muchas botellas. Años más tarde, gracias a su hijo Daniel, importaron una máquina desde Italia que produce 32 casquillos por minuto, pero claro, los mercados hoy son más competitivos, la exportación a los países vecinos cayó y entonces la empresa sólo funciona dos meses al año y con una tercera parte del personal.

La charla se fue haciendo más fluida y Lovera iba recuperando anécdotas. En más de un momento afirmó que el básquetbol está dentro de su vida y de su familia también. Eso lo llevó a hablar de su hijo sin ocultar un peso que, de alguna forma, lo agobia.

No es por nada pero jugaba bastante bien –dice refiriéndose a Daniel -, pero yo tuve la desgracia de comprar una moto para hacer trabajos y él un día me la pidió para ir al Colegio Pío, porque estudiaba ahí. Después la siguió usando y un día se fue a una plaza en Pueblo Ferrocarril, se puso a girar, le patinó la moto y se estrelló. Como puso la pierna para frenarse contra el árbol se sacó la cadera. Lo operaron y quedó bastante bien, pero claro…por eso estuvo dirigiendo. En Unión Atlética estuvo unos años y lo trajo a primera, lo que pasa que esa hinchada es brava, si no gana se le pone en contra, es bravísima.

Por algún vericueto de esos inexplicables que tiene la mente, su relato se escapa por una tangente y me cuenta de sus cuatro nietos. Hace cierto hincapié en el deportista y en la nieta recientemente recibida de abogada. De todos habla como un abuelo orgulloso. Volviendo al deporte me dice que tiene un proyecto, se levanta y va a buscar una cuadernola. Al volver comienza a explicarme:

propuestasYo tengo la idea de que el basquetbal tiene que ser nacional, el interior tiene que participar. Yo tengo estos pequeños borradores. Acá está dividido el país en grupos de tres departamentos para que jueguen entre ellos, a Montevideo lo dejo afuera por ahora. Por ejemplo jugarían: Artigas, Rivera y Tacuarembó; Salto, Durazno y Flores; Paysandú, Río Negro y Florida; Soriano, Colonia y San José; Canelones, Lavalleja y Maldonado; Rocha, Treinta y Tres y Cerro Largo. De estas seis series saco un equipo de cada una para que jueguen entre ellos y de ahí saco tres al final. El Campeón y Vice Campeón los traigo a jugar a Montevideo. Y así participan todos y también aparecen jugadores nuevos.

La idea es más amplia, la desarrolla hasta el detalle, pero pareció prudente proteger su propiedad intelectual. En una de esas, quién le dice, alguna autoridad se interesa por el proyecto de Lovera.

Cambiando de tema, ¿usted conoció el pueblo de su madre?

Si – dice reclinándose aun más en el sillón como para rememorar mejor. A la vuelta de Londres nos fuimos con mi amigo Miguel Dia. Mire, ahí tengo una anécdota. Miguel era un tipo de familia acomodada, yo no, yo era pobre. Entonces en el avión pasaban las aeromozas y ofrecían que esto y que lo otro y Miguel me decía probá esto, tomá esto otro, y comimos y tomamos. Pero no era una invitación, había que pagarlo. Al final del viaje no teníamos para pagar y al final terminó pagando un vendedor de pieles que iba en el avión.

Con lujo de detalles cuenta las vicisitudes de ese viaje.

No había celulares en aquella época, ¿me entiende? Y yo tenía que ir a un boliche para preguntar cómo llegar hasta la casa de los parientes de mi madre y resultó que al llegar eran casi todos primos de ella. Al final que me llevaron a conocer a toda la familia y pasé diez días siendo “el americano”. Y conocí la casa de mi madre, todavía estaba. Después de algunos años volví con mi esposa, pero ahí esa casa ya se había caído, una macana.

La charla era muy amena y de seguro hubiéramos seguido conversando algunas horas más. Lovera casi no se rió en todo el tiempo, pero lo vi complacido de contar su vida, de rescatar alguno de sus momentos vividos. No percibí mezquindades, y no tuvo empacho, por ejemplo, en decirme: “Ponga por ahí que para mí, el jugador más grande de todos los tiempos fue (Oscar) Moglia”. Aun así siempre se mostró como un hombre seguro de sí mismo, por eso, seguramente, remató:

¿Quiere que le diga una cosa? Me voy a mandar una pa’mí. Yo ando mal de la vista, no veo muy bien, pero si anduviera bien yo ahora me pongo a dirigir me tengo fe para dirigir.


ES DE LEY CITAR LA FUENTE DE LA NOTA AL SEÑOR ROBERTO LOVERA .COMO EN LO PERSONAL NO FUI QUIÉN LA REALIZO .MI IDEA EN ESTE CASO FUE DIFUNDIR ESTA ENTREVISTA QUE USTEDES AMIGOS DE LA PAGINA www.basquetotal.com le realizaron a una de las grandes figuras que tuvo no sólo el basquet .. sino el deporte uruguayo . LOS FELICITO , EN ESPECIAL AL SEÑOR MAURICIO PANIZZA ( AUTOR DE ESTA NOTA) . Y ME HONRA PODER SUBIR A MI BLOG ESTE MATERIAL QUE LES PERTENECE A USTEDES PERO QUE ES DE INTERES GENERAL PARA TODOS LOS QUE AMAMOS LA HISTORIA DE NUESTRO DEPORTE .

Nosotros le agregamos el vídeo de los 95 años de la historia del Basquetbol Uruguayo .

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