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martes, 27 de octubre de 2009

QUIÉN NO RECUERDA A PAOLO ROSSI .

PAOLO ROSSI

© AFP Entrevistado por FIFAworldcup.com

Fecha de nacimiento: 23 de septiembre de 1956
Lugar de nacimiento: Prato, Italia
Rossi estuvo cuando más lo necesitaron
Algunos futbolistas dejan su impronta en el juego, otros son capaces de exhibiciones técnicas extraordinarias y otros impresionan por su físico. Paolo Rossi no entraba en ninguna de estas categorías. Era “sólo” la encarnación del cazagoles. Durante los torneos de la Copa Mundial de la FIFA de Argentina 1978 y, sobre todo, de España 1982, este italiano conjugó la sobriedad de movimientos, la perfección en la ubicación sobre el terreno y el oportunismo innato, convirtiéndose así en uno de los mejores goleadores del mundo del fútbol.
Golpeado por el escándalo
Al año siguiente, tras una investigación, se acusó y condenó a Rossi y a otros jugadores por haber amañado el partido. El delantero italiano afirmó no haber hecho más que responder inocentemente a una pregunta hecha por un jugador rival: “¿2-2? Si quieren...”. A pesar de negarlo, se le impuso un fuerte castigo: tres años de suspensión, que se quedaron en dos tras apelar a la medida. Rossi, que entonces tenía 22 años, vio su trayectoria cortada cuando se encontraba en pleno ascenso.
El Juventus de Turín se había fijado en él a una edad muy temprana y, en 1975, lo cedió al Como, de la Serie B, para que se foguease. Más tarde recaló en las filas del Vicenza, también de la Serie B, en donde explotaría: 21 goles en la temporada 1976-1977, que sirvieron a los Biancorossi para ascender a la Serie A. La temporada siguiente lo haría aún mejor, al lograr 24 tantos, que permitieron a su equipo acabar segundo, por detrás de la Vecchia Signora.
A young starlet

© AFP
Lógicamente, Enzo Bearzot lo convocó con la selección ese mismo año. Rossi parecía imparable. A los 21 años, hizo un excelente papel en Argentina 78, en donde mostró al mundo su oportunismo. Tres goles y dos asistencias: un balance alentador.
Con una altura de 1,74 m y 66 kilos de peso, no era un jugador físico, aunque siempre estaba en el lugar preciso. Su primer gol con Italia, ante Francia, en Mar del Plata, fue el perfecto ejemplo de ello: tras una bella combinación en ataque a ras del suelo, el balón le rebotó a Rossi en la tibia y entró en la portería. Tras el torneo recibiría el apodo de “Pablito”. Siempre estaba en el lugar adecuado en el momento exacto. .
Luego vendría la suspensión. El Juventus de Turín lo había repescado justo antes de la sanción, y Rossi tuvo que pasarse dos largos años sin jugar. Volvería a los terrenos de juego a finales de abril de 1982, varias semanas antes del Mundial de España 1982. Enzo Bearzot, que seguía en el banquillo de la Squadra Azzurra, le hizo un primer regalo: llevarlo al torneo, a pesar de sus dos años de inactividad.
El emblemático entrenador italiano explicaría más tarde los motivos de su decisión: “Sabía que si Rossi no estaba en España, no tendría a ningún jugador oportunista en el área. En esa zona era realmente bueno, rápido, siempre listo para hacer la finta adecuada”.
Los tifosi se mostraron escépticos, al igual que la prensa, y lo estarían todavía un poco más después de la primera ronda. Italia se clasificó gracias a la diferencia de goles, tras no haber logrado más que tres empates y marcado dos goles. Rossi, titular, pasó inadvertido.
En la segunda fase, los italianos se encontrarían en el mismo grupo que Brasil y Argentina. En el encuentro frente a Argentina, en el que Italia venció por 2-1, Rossi siguió sin marcar. A pesar de las incesantes críticas de la prensa, Bearzot decidió dar una última oportunidad al toscano.
Idolo de una nación

© AFP
Contra Brasil, a los italianos sólo les valía la victoria, mientras que a la Seleção le bastaba con el empate. Al final de un partido extraordinario, los europeos se impusieron por 3-2 , pero lo más destacado fue la explosión de “Pablito”: una tripleta monumental, con su estilo más característico. Un balón robado y dos goles con la caña de pescar en el área; Rossi dio la campanada. La máquina se había puesto en marcha, y ya no se detendría hasta la final.
En semifinales, lograría dos nuevos tantos contra Polonia, antes de hacer el sexto en tres partidos en la final, ante Alemania Federal . Se proclamó máximo goleador de la competición y se convirtió en el héroe de los que sólo unos días antes pedían su cabeza. “Me sentí protegido, y eso fue un elemento determinante”, declaró más tarde. El momento de gloria de Rossi había llegado por fin. Ese mismo año fue elegido Balón de Oro europeo.
De vuelta en la “Juve”, en compañía de Antonio Cabrini, Marco Tardelli, Gaetano Scirea, Claudio Gentile, Michel Platini y el polaco Zbigniew Boniek, otros dos héroes de la Copa Mundial de la FIFA española, “Pablito” adornaría su palmarés. La Copa de Italia en 1983, el Scudetto y la Recopa en 1984, la Copa de Europa en 1985...
Tras esta lluvia de trofeos, Rossi abandonó Turín para enrolarse en las filas del acérrimo enemigo, el Milan AC, en el verano de 1985. Con los Rossoneri no tendría tanto éxito, pero aún así sería seleccionado para la Copa Mundial de la FIFA México 1986, en la cual no jugó, y acabaría poniendo fin a su carrera en Verona al año siguiente, con 31 años.
Harto de las lesiones, Rossi decidió dejar el fútbol antes de acabar arrastrándose por los campos. De carácter solitario, abandonó muy rápidamente el mundo del fútbol para dedicarse a su pasión, el submarinismo. Pero, sobre todo, dejó la imagen de un futbolista fuera de lo común, dotado de un oportunismo sólo superado por una humildad que probablemente no se haya visto nunca. A fond ending

© Popperfoto
Back at "Juve" with Antonio Cabrini, Marco Tardelli, Gaetano Scirea and Claudio Gentile, not to mention Michel Platini and Zbigniew Boniek, two more stars of the FIFA World Cup in Spain, "Pablito"'s appetite for honours was insatiable. The Italian Cup in 1983, the Scudetto and the Cup Winners' Cup in 1984, the European Cup in 1985…
After this flurry of silverware, he bade farewell to Turin to join arch-rivals AC Milan in the summer of 1985. Honours were harder to come by with the Rossoneri, but he was nonetheless selected in the squad for the 1986 FIFA World Cup Mexico. He didn't play, however, and, after a brief spell with Verona, finally hung up his boots the following year at the age of 31.
Prone to injury on account of exhaustion, Rossi had opted to call it a day before playing one match too many. Something of a loner, he quickly vanished from the world of football to concentrate on his passion for deep-sea diving. However he will be remembered first and foremost as a very special striker, blessed with a tremendous goalscoring instinct and a degree of humility we may never see the like of again.
Carrera como
jugador
Palmarés internacional
• 48 partidos internacionales, 20 goles
• 1978 Copa Mundial de la FIFA, Argentina; tercer puesto (3 goles)
• 1982 Copa Mundial de la FIFA, España; campeón (6 goles)
• 1986 Copa Mundial de la FIFA, México, octavos de final
Clubes
• 1975 - 1976 Como
• 1976 - 1977 Vicenza
• 1978 - 1981 Perugia
• 1981 - 1985 Juventus
• 1985 - 1986 AC Milan
• 1986 - 1987 Verona
Palmarés de clubes
• 1982 Italian Champion
• 1983 Italian Cup Champion
• 1984 European Cup Winners Cup Champion
• 1985 European Cup Champion
• 215 Serie A appearances, 82 Serie A goals
Entrevistado por FIFAworldcup.com


FIFAworldcup.com: Remontémonos a la Copa Mundial de la FIFA España 1982™; ¿cómo explica el hecho de que no lograra marcar hasta el quinto partido?
Paolo Rossi: Eso es lo misterioso del fútbol. Acababa de superar una etapa difícil de mi vida. Permanecí en el dique seco entre 1980 y 1982. Jugué mi primer partido sólo un mes antes del Mundial. Para mí, era como empezar de nuevo. El principal problema era mental, más que físico. Había perdido la fortaleza mental necesaria para un torneo tan exigente. Tenía que recuperar la tensión y la concentración que permiten practicar un deporte al máximo nivel.
¿Qué fue lo que cambió las cosas?
El apoyo incondicional que recibí de Enzo Bearzot, el entrenador, y de todos los compañeros de la selección. Me hizo sentir protegido y esa fue la clave.
En 1982, ustedes derrotaron a una gran selección de Brasil, con jugadores como Falcao, Socrates y, por supuesto, Zico. ¿Qué recuerdo guarda de ellos?
Los brasileños tenían un gran equipo, no cabe duda. Simplemente tuvieron la mala suerte de enfrentarse a una selección italiana más fuerte todavía: quizás la mejor Squadra Azzurra de la historia.
¿Se atrevería a decir que fue el partido de su vida?
Así lo creo. Marcar tres goles ante un rival como Brasil en un partido decisivo, en la segunda ronda de una Copa Mundial, no ocurre todos los días. Nunca olvidaré el primer gol que marqué contra Valdir Peres.
La Copa Mundial de la FIFA celebrada en España le hizo muy famoso, ¿todavía la gente lo para en la calle?
Sí, es increíble la popularidad que puede darte el fútbol. Regresé hace poco de Burma y, tras 20 años, todavía hubo personas allí que me pararon para firmar autógrafos. La Copa Mundial es un acontecimiento único que te encumbra a la fama con rapidez: ser campeón del mundo y marcar seis goles me convirtió en una celebridad de un día para otro. Mucha gente me sigue reconociendo.
¿Ha dicho Burma?
Sí, me encanta el buceo. Desde hace diez años dedico mi tiempo libre a encontrar los mejores lugares del mundo para bucear. Es algo por lo que siento pasión y que me llena plenamente.
En 1982, Italia no partía como una de las selecciones favoritas, ¿qué fue lo que cambió las cosas?
La personalidad y el carácter del equipo. Todos los jugadores eran muy buenos técnicamente y había un deseo inigualable de ganar. La selección tenía un gran potencial, aunque sólo comenzara a hacerse evidente tras la primera ronda, pero todos sabíamos que llegaríamos muy lejos. Esta confianza en nuestras posibilidades marcó la diferencia a nuestro favor.
¿Está de acuerdo con Dino Zoff en que la primera ronda es como una piel de plátano en el camino de Italia?
Totalmente. Recuerdo que todo el equipo estaba paralizado por el miedo a no poder superar la primera ronda. No clasificarnos hubiera sido un desastre total, y con enormes repercusiones para el fútbol italiano. Para los italianos resulta muy difícil aceptar la idea de no superar la primera ronda. Este miedo afecta al juego de la selección: corremos menos riesgos y, como consecuencia de ello, se resiente nuestro juego. Cuando llegó el turno de enfrentarnos a Argentina y Brasil, las cosas cambiaron; jugamos con orgullo y sabíamos que debíamos darlo todo y dejar nuestras inhibiciones en el vestuario.
¿Quién era el jugador más importante de aquella selección italiana?
Dino Zoff. Era el soporte del equipo, la referencia para todos nosotros.
Retrocedamos en el tiempo ¾ hasta 1978. Ustedes derrotaron a Argentina, pero ellos alzaron la Copa...
En Argentina, Italia también disponía de una selección muy fuerte. Nuestro error fue no creer en nosotros mismos. Pagamos muy cara nuestra falta de convicción. Cuando nos presentamos en semifinales contra Holanda, ya nos sentíamos satisfechos de haber llegado tan lejos, y no teníamos la fortaleza mental para luchar por el título.
¿Mereció ganar Argentina?
Creo que jugar en casa resultó decisivo, pero eso no significa que Argentina no se mereciera el título.
¿Quién fue su ídolo de adolescencia?
Un jugador llamado Hamrin, la estrella de la delantera de la Fiorentina. Los domingos solía ir con mi padre al estadio de Florencia. Hamrin era un extremo derecho al que apodaban “Pajarillo”, por su rapidez y astucia. Más tarde, ya como profesional, admiré a Michel Platini. Le vi hacer cosas increíbles con el balón. Lo tenía todo: inteligencia, precisión y técnica.
¿Cuándo se dio cuenta de que era un goleador?
De niño. Marcaba muchos goles en el patio del colegio. Desarrollé la obsesión de anotar goles. Me sentía decepcionado si no lograba ningún gol, incluso aunque hubiera jugado bien.
Su hijo Alessandro no siguió los pasos de su padre…
No. Jugó hasta los 17 años. Pero, siendo objetivo, no tenía las cualidades que se necesitan para el fútbol profesional.
¿A qué se dedica en la actualidad?
Dirijo una empresa de construcción e inmobiliaria. Comencé hace veinte años, más o menos por casualidad: cuando jugaba al fútbol invertí dinero en propiedades, y decidí continuar en esta línea cuando abandoné el fútbol.
¿Nunca se ha sentido tentado de volver al fútbol?
Nunca. Y no me arrepiento. Me cansé de pasar tantos días en hoteles y concentraciones, ¡y de ser traspasado! No quiero que nadie vuelva a dirigir mi vida.
¿Por qué decidió poner tanta distancia entre usted y el fútbol?
Fue una decisión personal. Cuando me retiré, sentí la necesidad de alejarme del entorno del fútbol, de disfrutar de la paz lejos de la tensión de este deporte. Necesitaba descansar. Pero todavía me apasiona. Sigo viendo partidos de vez en cuando, pero sin estar vinculado a ningún equipo y sin cargos oficiales. Simplemente, disfruto de los partidos como un aficionado más.
Últimamente ha sorprendido a todos diciendo que el calcio es aburrido…
Es cierto. Incluso como espectador, no disfruto mucho de este fútbol. Por eso he dejado de asistir a los partidos. Más del 90% de los partidos que vemos en televisión no merecen la pena. Falta inventiva, todo el mundo juega del mismo modo estereotipado y creo que los aficionados quieren creatividad. Existe el miedo a cometer errores y vemos 200 pases hacia atrás en cada partido. Mi idea del fútbol es el juego de Del Piero, Totti o Baggio. Cuando veo a Raúl, Figo y Zidane en el Real Madrid, me siento como si volviera a nacer. Sí, ¡me gustaría ser socio del Real Madrid!
¿Cómo encajaría Paolo Rossi en el fútbol de hoy?
Al igual que los jugadores de hoy en día. Los futbolistas forman parten de un sistema sobre el que no tienen ningún tipo de control.

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