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martes, 26 de julio de 2011

DANIEL PASSARELLA NOS REMEMORA SUS MOMENTOS EN LOS MUNDIALES y algo más ...














Nació un 25 de mayo de 1953( 58 años en la actualidad) en chacabuco república argentina, provincia de buenos aires.
Passarella, empujado por sus ganas de triunfar y sus ilusiones de joven, viajó a Buenos Aires para intentar fichar por algún club. Su suerte fue escasa y volvió a su tierra natal con la precisa idea de largar el fútbol. Dios iluminó a su padre, quien lo convenció de redoblar esfuerzos para lograr el sueño tan ansiado. Entonces, Passarella firmó contrato con Sarmiento de Junín, equipo que por entonces militaba en la primera división C. En Junín, le ven mayores condiciones para la defensa y pasa a jugar como lateral por izquierda. El gran “Pipo” Rossi director técnico de River Plate recibió el consejo de observar a un promisorio valor que se desempeñaba en Sarmiento y tras verlo en acción no dudo en reclutarlo para la disciplina “millonaria”.
El Hoy presidente histórico de River Plate argentino -por el increíble descenso a la segunda categoría del fútbol argentino-nos comenta de las sensaciones que sintió jugando con la selección de su país un evento mundial como una Copa del mundo y haber sido campeón en dos ocasiones 1978 y 86 .
En River desde 1974.
Su primer partido fue un clásico de verano contra Boca Juniors, en 1974. En ese partido Néstor Rossi le preguntó si se animaba a jugar, a lo que Passarella contestó: "Discúlpeme que le conteste, yo me animo a jugar, hay que ver si usted se anima a ponerme". Su debut oficial fue el 14 de abril de 1974 contra Rosario Central, de visitante, un partido que los "millonarios" perdieron por 1 a 0. Pero sus goles no se hicieron esperar, el 28 de julio de 1974 convirtió el gol del triunfo contra Argentinos Juniors, en un encuentro que finalizó 3 a 2.

En 1975 fue convocado por César Luis Menotti para integrar la selección juvenil que iba a disputar el Torneo de Toulón. Ese equipo estaba integrado entre otros por Carrascosa, Ubaldo Matildo Fillol y Alberto Tarantini. La selección gana el torneo con la capitanía de Passarella, y desde ese momento El Kaiser se convirtió en uno de los preferidos de Menotti.

Con la llegada de Ángel Labruna a la dirección técnica de River Plate y de jugadores como Pablo Comelles, “Perico” Raimondo y Héctor Artico, Passarella pierde la titularidad ya que se negó a jugar de lateral por la izquierda. Sólo entraba en los complementos o cuando se lesionaba Roberto Perfumo o Héctor Artico. Pero en noviembre de 1975, cuando se definía el Campeonato Nacional, volvió a ganarse la titularidad para nunca más dejarla. Ese año consiguió el Campeonato Metropolitano y el Campeonato Nacional, con los que River Plate cortaba 18 años de sequía. En 1976 juega la Copa Libertadores, pero River Plate cayó en la final contra el Cruzeiro


En 1976 es convocado a la Selección mayor para una gira que se realizaría por Europa del Este. El 20 de marzo de 1976 es su debut contra la Unión Soviética y en 1977 se convirtió en su capitán.

Luego de la racha ganadora del Boca Juniors de Juan Carlos Lorenzo, en 1977 River conseguiría el Campeonato Metropolitano, con Passarella como una de sus figuras.

En 1978 la selección argentina de fútbol disputaría como local la Copa Mundial de Fútbol de 1978. Passarella era uno de los pilares del equipo junto a Ubaldo Fillol, Mario Alberto Kempes (figura indiscutida de ese mundial), Leopoldo Luque, Daniel Bertoni y Américo Gallego. Ese año Argentina gana el Mundial de Fútbol al vencer a Holanda en la final. Passarella fue el encargado de levantar la primera Copa del Mundo que obtuvo la Argentina.Daniel Passarella, ¿qué diferencias encuentra entre la Copa Mundial de la FIFA y otras competiciones internacionales existentes en el calendario anual?
La Copa del Mundo es única, no hay ninguna competición que se le asemeje. Ni en Sudamérica ni en Europa, ya sea la Copa Liberadores, la Champions League o la Copa intercontinental, todas están muy lejos de lo que es una Copa del Mundo. Cualquier jugador del planeta tendría como objetivo ganarla, y nosotros tuvimos la suerte de hacerlo. Es lo máximo a lo que se puede aspirar, tanto jugarla como ganarla. Creo que la importancia de adjudicarse ese título, como nos ocurrió a nosotros en dos ocasiones, pasa por la relación que se genera con la gente a partir de ese momento. Uno queda santificado, y la gente lo primero que hace es brindarte afecto.

¿Cuál es el significado que le asigna a cada una de las fases finales que disputó?
Todas esas experiencias fueron colmadas de diferentes matices. En la primera (1978) fui a cambiar la imagen de el fútbol argentino, porque siempre decíamos que éramos los mejores pero nunca lo habíamos demostrado. Ese, con (César) Menotti, significó justamente eso. Lo logramos trabajando horas extras y cambiando todo el método de organización, con mucho trabajo. Eso sí: por sus características, Menotti nunca nos dijo que íbamos a ser campeones del mundo. No era de prometer cosas, sino de hacer un equipo competitivo. Nos hizo entrenar a todos de distintas maneras, con trabajos muy puntuales y personalizados.

A los delanteros no los hacía dar diez vueltas en la cancha, pero sí recalcaba mucho lo que era la precisión, siempre en eso: velocidad y precisión. Con ese trabajo específico para cada uno nos dimos cuenta de algo: que nosotros tenemos algo que los europeos no tienen, que es la técnica desde la cuna. Ellos tienen velocidad.
O sea, él buscaba desarrollar toda la técnica que teníamos pero con velocidad. Me acuerdo que él decía 'el auto no hay que manejarlo a cien, pero hacerlo siempre a doscientos cincuenta kilómetros sin tirar los obstáculos es mucho más difícil'. A él le gustaba eso, la pelota fuerte, el pase fuerte a ras de piso. Y luego se juntó con una buena camada de jugadores que en su gran mayoría triunfaron en Europa. Así, con esa conjunción, Argentina ganó merecidamente la Copa del Mundo.

En la copa de 1982 no se pudo repetir el éxito de 1978. ¿Que fue lo que faltó?
Para mí no faltó nada. Estábamos los mejores jugadores, aunque el hambre de gloria no era el mismo. Si ustedes se ponen a repasar, salvo en rarísimas excepciones, todos los equipos que ganaron no repitieron. Argentina ganó en 1978 y le fue mal en 1982, pero ganó en 1986 y en 1990 llegó a la final, aunque sin jugar un buen fútbol.

¿Cómo definiría a la Italia campeona de ese año?
Italia tenía un buen equipo, que no desentonó si se lo compara con todos lo equipos que ganaron una Copa del Mundo. Cuando Italia llegó a España, los jugadores estaban peleados con la prensa, con el público. El entrenador estuvo a punto de que lo cambiaran, y de allí el famoso "¿e Alora?", que le decía a los periodistas una vez terminado el torneo.Pero eso le pasó a la mayoría de los entrenadores: Zagallo en 1970 fue discutido, estaba peleado con la prensa y puso a jugar a cinco números Diez...

En el 78 , acá, le pasó lo mismo a Menotti. Todos tuvieron problemas porque no formaban un equipo de acuerdo con los gustos de la gente, e Italia llegó allá con la misma situación. Pero tenia buenos jugadores que ayudaron a conseguir el título. Eso es lo que hace la diferencia. Menotti pudo haber trabajado muy bien en la organización, pero si no hubiese tenido los jugadores... Y lo mismo con Bilardo en 1986: si no hubiese tenido a Maradona no hubiese ganado y así sucesivamente con todos los equipos.

A mi me tocó jugar con unos cuantos de ellos cuando fui a Italia: Oriali, Gentile, Antognoni, Bergomi, Graziani. Con algunos fuimos compañeros en la Fiorentina y con otros en el Inter. Siempre respetaron las características del juego italiano, con marcas personales, con "catenaccio" y contragolpe, pero con jugadores talentosos como Antognoni y Tardelli, que cambiaban los ritmos de juego y aceleraban en el momento oportuno. O con jugadores tácticos como Scirea, que no era espectacular pero estaba siempre en la posición justa.

¿Y Paolo Rossi? ¿Qué podría decirnos de él?
Tengo una relación importante con él. Por distintas razones, nos reunimos siempre para agasajos, fiestas, cenas... Paolo fue determinante, porque fue el goleador del Mundial, un oportunista impresionante que no perdonaba. Nosotros nos enfrentamos varias veces y era muy difícil de marcar porque salía, entraba... no se quedaba estático, sino que rápido y estaba sustentado por un equipo importante. Recuerdo que tenía una disputa en su posición, pero después se impuso y sobresalió. Además tenía jugadores como Zoff en el arco, que era un referente dentro y fuera de la cancha, Marco Tardelli y otros. Al final, todos lograron un grán conjunto y ganaron el mundial.

Volvamos a sus gestas personales. ¿Quién era el Profe Echeverría?
El profe Echeverria era el preparador físico del equipo de 1986, que quería comprarse un departamento que valía 17 mil dólares. Y ese era justamente el premio que nosotros cobrábamos por clasificar a México 1986. Por eso, yo le dije 'cómprese el departamento, si total nos vamos a clasificar'. Reunimos entre todo el equipo mil dólares para que él hiciera una seña por el departamento y cuando terminaran las eliminatorias se lo pudiera comprar.

Entonces, cuando termina el primer tiempo contra Perú en Argentina, por las eliminatorias, estábamos perdiendo 2-1. Había un silencio terrible en el vestuario y necesitábamos algo para que nos subiera el ánimo y entrar a el segundo tiempo. Entonces me levanté, le pegué una palmada en la espalda al profe y le dije 'quédese tranquilo que va a comprar el departamento'. Y empatamos 2-2 y nos clasificamos al mundial de 1986.

No clasificarse para ese Mundial hubiese sido una mancha imborrable. Ahora que soy entrenador puedo decirlo, la situación de no clasificar te deja una huella que no podés sacarte en toda la vida. Yo nunca bajé a segunda división o quedé fuera de un Mundial en una eliminatoria, pero Argentina no andaba bien en esa época y había una psicosis rondando en el stadio Monumental.

Usted tuvo mucho que ver en ese gol agónico que le dio a Argentina el empate y la clasificación, ¿lo recuerda?
Fue un corner que tiramos nosotros, allá en la tribuna centenario. Ellos rechazan, y al darme cuenta que eso sucede regreso pensando que nos van a agarrar de contra, pero la recupera (Julio) Olarticoechea y tira un centro de zurda. Ahí volví al área y la paré de pecho. Me encontré frente al arco, la pasé para la derecha y rematé, pero la pelota tomó un efecto extraño, pegó en el palo y siguió su camino sobre la línea de gol. Por suerte apareció (Ricardo) Gareca para empujarla y convertir el gol.

Todos los que jugaron ese partido destacan lo sufrida que fue la clasificación. ¿Se sufre más como entrenador o como jugador?
Jugar un Mundial o ir a dirigirlo como entrenador es algo totalmente diferente. Cuando sos entrenador tenés muchas más responsabilidades. Diría que ambas son importantes, aunque no tienen nada que ver entre sí. Es mucho más lindo jugar: tienes más responsabilidades cuando dirigís que cuando eres un jugador. Lo pongo de esta manera: se trata de una pasión. Si te dijeran que ganarías una cuata parte de lo que ganas jugando al fútbol, o igual que trabajando en una oficina, jugaríamos igual. Por eso hay una diferencia grande, dirigir para un ex jugador y apasionado como yo, que deja todo por el fútbol, es comparable con el primer amor al que nunca se le será infiel.

En el mundial del 1978 usted fue capitán. ¿Qué implicancias acarreaba esa posición dentro del grupo?
No sentí nunca el rol de ser capitán. De hecho, la designación se dio sobre la marcha, por lo que no me cargó de responsabilidad. El Flaco (Menotti) había empezado a hacer distintas secciones con los jugadores de capital, del extranjero, juveniles, del interior, en una modalidad que nunca más se volvió a repetir.
Carrascosa era el capitán de la selección en ese momento, pero cuando dejó el equipo, Menotti nos convocó a la AFA para un partido de entrenamiento que teníamos. Pensamos que nos iba a dar la programación del trabajo, pero hizo la reunión para decir quién era el nuevo capitán. Y allí dijo "va a ser Daniel". Creo que se basó en el sentir de los jugadores. Siempre digo lo mismo y lo aprendí de él: al capitán lo eligen los compañeros.

¿Cuál diría que fue su mejor partido en 1978?
Creo que fui bastante parejo en todos los partidos del campeonato, no tuve encuentros destacados. Tuve la posibilidad de hacer un par de goles y no los concreté, como contra Holanda, que me 'comí' dos goles. Pero creo que el mejor momento lo tuve en la etapa previa. El doctor del equipo siempre me decía que estaba en mi pico máximo, que el torneo debería haber empezado un mes antes para mí.

¿Qué tan importante fue el público en aquella campaña?
Siempre es mucho mejor jugar de local. La pasión que ponen los hinchas argentinos o brasileños supera todo. Pero cuidado, porque a veces ser local aquí puede complicar. En 1978, por ejemplo, había algunos que no creían en el equipo. Pero la masa popular sí confiaba en nosotros. Y, claro, el grupo estaba muy confiado porque Menotti se encargó de sacarnos el miedo a los equipos europeos. Nos llevó de gira para jugar contra ellos y enfrentamos a Alemania, Holanda e Italia. Nos dimos cuenta de que éramos iguales.

¿Qué lugar representa en su carrera en su trayectoria el día de la final?
Para mí fue impactante fue ver a los hinchas argentinos en las calles, desde donde salía el bus de la concentración, hasta el estadio colmando las rutas. Y en el estadio el cántico, los papelitos, las señoras rezando arrodilladas, discapacitados... Cuando uno llegaba al estadio tenía que caminar por los anillos internos del club y se veía el ambiente a través de las ventanas. En la radio los comentaristas decían que el equipo estaba entrando, caminando hacia los vestuarios, y la hinchada cantaba "vamos a ganar Argentina". Era una cosa impresionante que te ponía la piel de gallina y te hacía salir convencido de que íbamos a ganar.

¿Cómo fueron los instantes previos a ese choque con Holanda? ¿Se palpaba confianza o temor en el grupo?
Cuando le ganamos a Perú nos sentimos campeones. Recuerdo que retrasamos el regreso a Buenos Aires porque estábamos en Rosario, donde el apoyo fue impresionante. Y cuando llegamos allá, a la concentración, no nos dejaron salir, por lo que el Flaco Menotti nos dio libertad. Pedimos vino con la comida, bromeamos y reímos todos juntos. Nos sacamos la presión, como si dijéramos "y bueno, Argentina ya llegó a la final. ¿Quién lo hubiera creído?" Pero teníamos mucha confianza en nosotros, nos repetíamos "¿Cómo no le vamos a ganar a los holandeses?". Esas charlas nos sacaron toda la presión.

¿Qué recuerdos tiene de partido contra Holanda?
Después, en lo que al partido respecta, para mí lo manejó Argentina. Tuvimos las situaciones más claras, pero quedó marcado para siempre ese tiro de ellos que pegó en el palo sobre el final. Pero fuimos justos ganadores y debimos haber ganado en el balance global. Después fuimos contundentes en el alargue porque teníamos grandes jugadores. Repito: fuimos más que Holanda.

¿Qué reacción tuvo Menotti cuando fueron al alargue?
Esa fue la primera vez que vi a Menotti enfurecido. Nos dijo: "Ochenta mil contra once, ¿vamos a perder?". Y fue como un shock, esa clase de sacudones que necesita un equipo en ese tipo de momentos.

Luego vinieron los goles decisivos, ¿qué recuerda del instante en que se terminó el partido? ¿Qué fue lo primero que le vino a la mente?
Pensé en mi mama y en mi papá. Mi mamá, que sufría mucho, nunca quiso ir a la cancha, pero mi papá estaba presente con el Tucumano Hernández, que fue el que impulsó mi carrera como futbolista. Luego recuerdo que dimos la vuelta olímpica y, ya en el vestuario, vino alguien de una empresa de seguridad a decirme que se tenían que llevar la Copa. Pero no se las quería dar, y les contesté '¿cómo te voy a dar la copa con todo el trabajo que nos costó conseguirla? Ni sé quién sos vos'. Pero bueno, llegaron los del comité internacional y me dijeron que tenía que entregarla...

Usted fue el primer argentino que levantó ese trofeo. ¿Qué sintió entonces?
Cuando te dan la copa no tienes sensaciones, es como un orgasmo permanente. Vulgarmente digo esto, pero es la realidad. Es algo que tienes que vivir para poder explicarlo. Es la sensación de haber logrado lo máximo, eso para lo que tanto tiempo trabajaste. Quizás cuando sos pequeño te preguntan qué quieres ser de mayor, y vos decís que querés jugar con la selección y ser campeón del mundo. Pero cuando lo lográs te pasás la mano, te pellizcás y te decís 'somos millones de argentinos y me toca a mí'. Es increíble.

¿Es cierto que no quería darle el trofeo ni a sus compañeros?
Sí, sí, es verdad. Me parecía increíble estar ahí, ser el primer argentino en levantar la copa. No se la quería dar a nadie...
Me hace remontarme en el tiempo y acordarme de tantas cosas. Creo que haber ganado la Copa del Mundo y estar en los momentos más importantes de fútbol argentino es regalo de Dios. No se puede pretender muchas cosas más. Ojalá pueda algún día levantar otra.

Si la viese expuesta como obra de arte, ¿que opinión le merecería?
¡Perfecta!Para Daniel Passarella el orden y la autoridad son las bases de su trabajo y ambas premisas fueron su principal carta de presentación, tanto de seleccionador como de capitán de la selección argentina.
ALGO MÁS DE SU CARRERA TANTO COMO JUGADOR Y ENTRENADOR ...

Tras debutar en el Sarmiento en 1971, fichó por River Plate, donde se convirtió en uno de los pilares de la defensa a pesar de su corta estatura (1,73 m). Sus cualidades defensivas no le limitaron a la hora de sumarse al ataque, anotando 22 goles en 70 convocatorias internacionales.

En River, el “Kaiser” argentino conquistó 5 títulos nacionales en 7 años. Además, le fue entregado como capitán el trofeo de campeón del mundo en 1978 de manos de Jorge Videla, presidente de facto de Argentina.

También participó en el Mundial de España-1982 pero su país fue eliminado en la segunda fase. En 1986, en México, Argentina se llevó su segunda Copa del Mundo pero Passarella no disputó ni un encuentro. Los rumores hablan de que, de todas formas, nunca hubiera jugado ya que no quería coincidir con Diego Armando Maradona en el campo, antónimo de todo lo que él defendía.

Cuestión de pelos

Aburrido de jugar en su país dio el salto a Italia, primero a la Fiorentina y después al Inter. No logró ningún título. De vuelta a River, logró su sexto campeonato nacional en 1989, sumando tres más ya como entrenador en 1990, 1992 y 1994.

Daniel Passarella foto 3

Tras el escándalo por dopaje de Maradona en el Mundial de 1994, la selección necesitaba un revulsivo en los banquillos, un hombre de hierro. El elegido fue Passarella. Desde el principio impuso una disciplina férrea y un sistema de juego más defensivo. Verón, Ortega y otros tuvieron que acostumbrarse. Los que no lo hicieron, dijeron adiós, como el volante central del Real Madrid, Fernando Redondo, que dejó de ser convocado por no querer cortarse su larga melena.

El juego no seducía pero los resultados parecían darle la razón, consiguiendo una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta-1996, tras caer en la final con Nigeria (3-2). En el Mundial de Francia-1998, llegó con Argentina hasta los cuartos de final, donde fue derrotada por Holanda (2-1).

Daniel Passarella foto 4

En marzo de 1999, tomó las riendas del combinado uruguayo, abandonándolo en febrero de 2001. Tras un paso fugaz por el Parma al final de ese mismo año, dirigió al Monterrey mexicano en 2003, con el que consiguió el título de liga.

Contratado por el Corinthians brasileño en marzo de 2005, fue despedido el 10 de mayo y se marchó al River, al que entrenó de febrero de 2006 a noviembre de 2007. Desde allí hasta el presente se postuló como presidente de River Plate ganado la elección por un margen muy mínimo al señor DOnofrio el otro postulante , tanto fue el pequeño margen que indicaron la urnas que hasta eldía de hoy existen sospechas si realmente no hubo alguna irregularidad en los sufragios .Lo otro es conocido una mala gestión como presidente no siendo el único culpable , pero desde el momento que tomo esta responsabilidad ya sabía el estado ruinoso que estaba el club de Núñez . Ahora ya en el Nacional B , river vive un año histórico deseoso que esta pesadilla tenga fecha de vencimiento en agosto del 2012 cuando en en hipótesis vuelva el equipo que preside al fútbol de primera división.

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